Hoy te escribo con las pilas recargadísimas, recién llegada de unas súper vacaciones.
Este verano estuvimos de viaje con mi familia y unos amigos por Kuala Lumpur, Singapur y Bali. Fue nuestra primera vez en Asia y ojalá haya muchas más, porque nos encantó.
Aunque no te escribo para contarte de esos destinos, sino para compartirte las reflexiones que me surgieron mientras preparaba las maletas y dejaba todo listo en mi negocio antes de salir de viaje.
Si algo me han confirmado estas vacaciones es que las cosas importantes (tanto en los viajes como en los negocios) casi nunca se deciden ni se preparan en el último momento.
Hacer un viaje así, además con niñas, no es algo que se haga improvisando. Y tampoco lo es desconectar del negocio durante tres semanas con la tranquilidad de saber que sigue funcionando.
Así que, mientras preparaba todo para irme, volví a pensar en las premisas que empecé a aplicar en mi negocio hace ya tiempo, que me están dando frutos y que creo que fueron claves para poder estar hoy disfrutando de unas vacaciones así.
Te las comparto por si te inspiran para tu propio negocio. Son estas:
Planificación como forma de autocuidado
Todo lo que va a suceder en mi negocio en las próximas semanas y en Septiembre no nació ayer. Empezó a cocinarse en Abril.
Hace tiempo entendí que los negocios que funcionan bien no viven reaccionando al calendario. Y que además a mi el “ir a salto de mata” me genera ansiedad.
Disfruto el doble de todo lo que construyo cuando puedo diseñarlo con tiempo, dándole a las cosas importantes el espacio que necesitan para hacerse bien.
Y esto no significa tenerlo todo bajo control ni pretender saber hoy exactamente qué voy a estar haciendo dentro de seis meses. No es eso. Significa simplemente no esperar a que llegue el momento de hacer realidad un proyecto para empezar a pensar en él.
Planificar me permite anticiparme, tomar mejores decisiones y, sobre todo, no vivir con la sensación de que todo es urgente. Poder pensar con calma, priorizar, organizar el tiempo y distribuir las tareas con antelación y con perspectiva.
Por eso, primera premisa clave: planificar como forma de autocuidado.
Sistemas para simplificarme la vida
Cuando era la Gerente de una asociación empresarial hace años, era la responsable del sistema de calidad ISO que teníamos implantado. Si lo conoces, implicaba ser un poco doña procedimientos.
Pero cuando emprendí y empecé a trabajar sola, adiós procesos. Pensaba «total si lo hago todo yo, para qué». Con el tiempo, me di cuenta de mi error.
Ahora, antes de hacer algo, pienso primero si es probable que tenga que repetirlo. Si la respuesta es sí, lo esquematizo y lo diseño como un sistema de trabajo, no como una tarea suelta. No porque me gusten las automatizaciones o procesos en sí mismos, sino porque tengo comprobado que cada sistema me devuelve algo que valoro muchísimo: espacio mental y tiempo.
Si cada vez que tengo que hacer algo tengo que volver a pensar desde cero cómo hacerlo, estoy gastando energía en una decisión que ya podría estar tomada. En cambio, cuando existe un proceso claro, no necesito volver a inventar la rueda. Y esto, cuando trabajas sola y eres responsable de todas las áreas de tu negocio, se nota muchísimo.
Un sistema no tiene por qué ser algo complejo. Puede ser simplemente una checklist, una plantilla, un calendario, una secuencia de pasos o una forma concreta de hacer siempre una determinada tarea. Lo importante es que tu negocio no dependa de que tú tengas que recordarlo todo constantemente.
Así que segunda premisa clave: trabajar con sistemas para simplificarme la vida.
Pedir ayuda para ganar agilidad, resultados y disfrute
Esta es la que más me costó, de lejos. Soy muuuuy testaruda, y durante años me enorgullecía decir que en muchos temas soy autodidacta. Se me da bien aprender cosas nuevas y, para colmo, me gusta. Así que emprendí durante muchos años a lo «Juan Palomo». Otro grave error.
Pensaba que así ahorraba dinero, pero en realidad estaba pagando un precio mucho más alto. Cuando por fin cambié el chip, caí en la cuenta de que el modo Juan Palomo solo me había generado lentitud y agotamiento.
Ahora, antes de lanzarme de cabeza a hacer algo yo misma, me esfuerzo por pensar primero quién podría ayudarme a hacerlo más fácil o mejor. Porque tengo más claro dónde merece la pena poner mi tiempo y mi energía. Y que hay tareas que solo puedo, o quiero, hacer yo, y hay muchas otras que incluso salen mejor si las delego.
Así que tercera premisa clave: pedir ayuda para ganar agilidad, resultados y disfrute.
A modo de resumen:
Planificación. Sistemas. Pedir ayuda.
Parece fácil, pero lo cierto es que las tres requieren entrenamiento. Porque no se trata simplemente de decidir un día que, a partir de ahora, vas a planificar más, vas a crear sistemas o vas a pedir ayuda.
Se trata de cambiar una forma de trabajar que muchas veces tenemos muy arraigada.La de reaccionar en lugar de anticiparnos. La de hacerlo todo de memoria. La de pensar que, si podemos hacerlo nosotras, para qué pagarle a otra persona.
Y creo que aquí hay una reflexión importante para las emprendedoras que queremos construir negocios que nos permitan vivir bien sin dejarnos la vida por el camino.
Un negocio profesional no es necesariamente un negocio más complejo. Muchas veces es justamente lo contrario. Es un negocio más simple, en el que pensamos y diseñamos a conciencia cómo queremos trabajar, cuáles son nuestros «no negociables» y qué necesitamos para alcanzarlos.
Este verano pensé mucho en esto. Viví estas vacaciones como un hito, personal y de mi negocio. Porque es la primera vez que desconecto 26 días seguidos desde el año 2013, cuando comencé mi camino emprendiendo.
Me di cuenta de que cerrar el ordenador y marcharme tantos días no fue algo que conseguí de repente. Fue el resultado de muchas decisiones pequeñas que fui tomando a lo largo del tiempo. Después de mucha prueba y error y de haber decidido que quería hacer las cosas de otra manera.
Si te ves reflejada en esto, te invito a reflexionar sobre cómo llevas estas tres áreas en tu propio negocio.
¿Planificas con suficiente antelación o vives reaccionando a lo que va llegando?
¿Tienes sistemas que te simplifiquen la vida y te ayuden a trabajar o todavía tienes demasiadas cosas en la cabeza?
¿Pides ayuda cuando la necesitas o sigues operando en modo «Juan Palomo»?
No te digo que te preguntes esto para fustigarte si todavía las respuestas no te gustan. Ni tampoco hace falta que tengas todo resuelto pasado mañana. Pero quizá reflexionar sobre todo esto te ayuda como me ayudó a mi a empezar a entrenar estas premisas, y hasta quizá a definir las tuyas propias.
Espero que este post te inspire para hacerlo. Te aseguro que vale mucho la pena.
Un abrazo.
Silvana
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