Hace algunos años, yo era una emprendedora muy diferente a la que soy ahora. Mejor dicho, emprendía de una manera bastante distinta a cómo enfoco el negocio hoy en día.

Me levantaba temprano para aprovechar que la casa estaba en silencio y respondía mensajes mientras desayunaba; un día a la semana me reunía con un club de empresarios de las 6 de la mañana para hacer networking (mi marido les llamaba “la secta”); hacía todo yo misma para no delegar nada y tener una estructura “liviana y flexible”; reaccionaba a mi día con lo que surgiera y mis clientas/hijas/casa me marcaban el ritmo; me apuntaba a cuanta colaboración me proponían y nunca decía “no” por miedo a perder oportunidades; acababa cada día con una sensación de frustración y culpa tremenda por no haber puesto “check” en mi lista de pendientes que en vez de achicarse, crecía…

Trabajaba más horas que nunca y con menos recompensa que cuando tenía un empleo fijo. Era, literalmente, la peor jefa que había tenido nunca.

Tener mi propio negocio, algo con lo que tanto había soñado, y que había creado para ganar “libertad”, me llevó directamente al burnout.

Pero, como no hay mal que por bien no venga, esa quemazón fue un punto de inflexión para cambiar mi forma de emprender.

Hay que decir que cuento con una ventaja y es que de por si soy reflexiva y analítica, y quizá “tranquila” sea la palabra que más se repita si le pedís a mis amigos que me describan.

Así que, haciendo uso de mi esencia, empecé a salir de aquel burnout muy pasito a paso y a mi manera.

Muchos años después, me topé con el concepto de Slow Business y me di cuenta que, sin saberlo, lo había empezado a aplicar al pie de la letra.

Emprender con equilibrio

Qué es el Slow Business (y qué no es)

Para mí, Slow Business es un concepto que engloba una manera consciente de diseñar, gestionar y hacer crecer un negocio a un ritmo que esté alineado con tu forma de ser, con tus valores, tu energía y tus objetivos. Para adaptar el negocio a la vida que quieres tener y no al revés.

Aunque la palabra Slow pueda confundir quizá. No significa ir despacio por ir despacio. Significa avanzar con intención y consciencia, sabiendo que cada acción que tomas tiene sentido y te conduce a una visión más grande.

Lo que considero que no es:

– No es trabajar poco y “vivir en la playa”.

– No es falta de ambición, ni renunciar a crecer o a generar más ingresos.

– No es hacer las cosas sin estrategia.

– Ni es hacer las cosas “solo cuando te fluyen”.

Mi versión de Slow Business no es una excusa para no hacer, sino que es una forma de hacer distinto, de una manera más equilibrada y sostenible para mi.

Por qué cada vez me representa más

Con el tiempo entendí que mi objetivo no era llegar a un número de facturación récord, sino crear un negocio que me diera libertad y tranquilidad, no que me la quitara.

No me mal interpretes, por supuesto me planteo objetivos económicos ambiciosos y por supuesto trabajo para alcanzarlos y superarlos. Porque soy consciente de que la libertad y la tranquilidad están directamente relacionadas con la rentabilidad del negocio.

Pero aprendí que es tan importante el número final de ganancias, como el cómo has llegado a esa cifra.

Todavía me chirría cuando escucho a quienes asocian el éxito a “facturar X cifras” sacando pecho. Si esa es tu visión de éxito, estupendo. Nada que decir. Lo que me choca es que muchas veces se asocie el éxito solo a eso. Cuando en realidad, creo que hay tantas versiones de éxito posibles como emprendedoras somos sobre la faz de la tierra.

En mi caso, mi idea de éxito en el negocio equilibra rentabilidad y disfrute. Que una cosa no implique sacrificar la otra. Elijo proyectos que me ilusionan, organizo mi tiempo de forma proactiva para priorizar lo que me importa, cuido mi energía y pongo límites claros para que mi negocio sea parte de mi vida… no mi vida entera.

que es un slow business

Beneficios que he encontrado en este enfoque

Trabajar desde este enfoque me ha cambiado la perspectiva y ha supuesto varios beneficios:

– Más claridad para tomar decisiones

Ya no digo sí a todo. Evalúo muy bien en qué implicarme, qué proyectos son importantes para mi negocio y qué acciones me aportan valor real. Tengo mi versión de éxito escrita en mi Notion y priorizo todo lo que me acerca más a ella. Y lo que no, lo rechazo educadamente y sin culpa.

– Mejor gestión de mi tiempo y energía

Tengo rutinas para cuidarme a mi y al negocio que son, creo, de las cosas que más bienestar me han aportado. Diseño mis días de forma diferente, sin apelotonar cosas en una to-do list eterna. Trabajo con un calendario más organizado y visual, que me muestra dónde caben más cosas y dónde no.

– Me propongo menos objetivos, más ambiciosos

Antes me marcaba 12 objetivos al año y ahora solo 3, pero más ambiciosos y con más impacto a largo plazo. Incluso creo que ahora soy más ambiciosa que antes, solo que la perspectiva es diferente.

– En general, mi negocio entero se contagió de un aire más calmado

Desde los eventos de mi estudio hasta mi manera de hacer marketing, los canales de visibilidad que escojo, mis sistemas internos de trabajo, todo. Absolutamente todo se impregnó de esta manera de hacer menos pero mejor.

mi slow business

Cómo empezar a aplicarlo si te apetece

Si la idea de llevar tu negocio con más calma te resuena, te dejo aquí una propuesta de por dónde empezar: 

– Lo primero, declara tu propia versión de éxito. Y aquí ten cuidado con los «debería», las expectativas ajenas, la inercia del mercado o lo que ves que está haciendo tu competencia y pareciera que tenga que ser también tu próximo paso. Apaga el ruido de afuera todo lo que puedas y mira solo hacia adentro. De verdad, ¿qué sería tener éxito para ti?

– Planifica y prioriza como una forma de autocuidado. A veces cuando hablamos de planificación a muchas emprendedoras les suena a rigidez, a un límite para la creatividad. Si es tu caso, te invito a ver la planificación desde una perspectiva diferente. Diseñar el plan de acción de mi negocio se volvió ritual, una forma de autocuidado literal. Porque comprobé de primera mano que solo planificando y priorizando diferente podía combatir esa sensación de frustración por no avanzar o no llegar a todo. Planificar y priorizar distinto fue la solución. Pero ojo, no desde la rigidez y la exigencia, sino desde la consciencia de cómo quiero usar mi tiempo y energía, y cómo no.

– Diseña cada día con intención. Yo me aficioné a comenzar los días escribiendo un journal. Sin un formato demasiado definido. Simplemente escribo lo que me sale, algunos días es agradecer, otros es bajar ideas a papel. Me ayuda a empezar el día en calma y bajar muchísimo el ruido mental. Después, para diseñar mi calendario de trabajo uso Google Calendar y allí bloqueo tiempo para cada cosa, incluyendo las comidas cada mediodía con mis hijas o llevarlas a sus extraescolares, aunque sean cosas obvias y que ya sepa. ¿Por qué lo apunto entonces? Porque ese espacio NO está disponible. De esta forma, veo cada día el tiempo real que tengo y dónde puedo agendar las tareas claves del día que me harán avanzar con mis proyectos.

– Reserva un ratito semanal para mirar tu negocio con perspectiva CEO. Aunque sea 30 minutitos. Me parece clave salir de la atención a los clientes, la preparación de presupuestos, la publicación de contenidos, lo que sea. Deja la parte operativa y sal un rato de la vorágine para mirar el negocio desde un punto de vista más elevado. ¿Cómo lo ves? A veces en esos ratitos aparecen muchas respuestas.

mi estilo de slow business

Ojalá estas reflexiones te inspiren para elegir un ritmo que te permita disfrutar del camino y construir un negocio que te sostenga, económica y energéticamente.

Un abrazo fuerte y nos leemos pronto,

Sil

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