Hace unos días te hablaba en otro artículo sobre las tres premisas que me ayudaron a desconectar 26 días seguidos de vacaciones, siendo solopreneur. Porque, sí, es posible tomar vacaciones largas trabajando sola sin poner el negocio en pausa. Aunque, para eso, necesitas que esté diseñado a conciencia, para poder sostenerse sin que tu estés presente todo el tiempo.
En mi caso, esas premisas de las que te hablaba (planificación, sistemas, pedir ayuda) no nacieron con estas vacaciones. Más bien son la consecuencia de otras tres cosas que desde hace varios años vengo puliendo en mi negocio: la claridad, la dirección y el foco.
Me explico.
Claridad: qué negocio quieres tener
Cuando hace años me di cuenta de que había construido un negocio que ya no quería sostener, me tocó sentarme a hacerme muchas preguntas incómodas. Había diseñado un negocio que me sirvió mucho durante una etapa concreta de mi vida, pero esa etapa ya había cambiado y el negocio también tenía que hacerlo. Así que me tocó frenar y pensar qué quería que mi negocio me diera realmente a partir de ahí.
Y no me refiero a pensar en qué facturación ni cuántos clientes quería tener: eso ya vendría después. Me refiero a decidir qué vida quería que ese negocio me permitiera vivir de ahí en adelante.
De esas reflexiones salió muchísima claridad, y eso empezó a guiar todas mis decisiones desde ese momento. Por eso no puedo enfatizarte más lo clave que me parece que trabajes esa claridad, porque sin saber para qué quieres tu negocio o qué quieres conseguir con él, es imposible que puedas diseñarlo y construirlo a tu medida.
Muchas veces empezamos a dar forma a los negocios desde fuera hacia adentro. Es decir, arrancando primero por mirar al mercado, analizando qué ofrece la competencia, pensando en el marketing, diseñando desde ahí. Pero yo te invito a empezar completamente al revés. Mirando hacia adentro. Para que primero, antes de nada, tengas claro cristalino para qué quieres ese negocio, cómo quieres sentirlo por dentro, mucho antes de decidir cómo se ve por fuera.
En mi caso, sin aquella reflexión y sin los cambios que provoqué después, hubieran sido imposibles las vacaciones que tuve este año.
Dirección: qué priorizar en tu negocio, y qué no
Una vez que tuve esa claridad, necesitaba que mi negocio empezara a apuntar y a dar pasitos hacia ahí. Y en ese punto la clave fue la toma de decisiones. Todas empezaron a pasar por el mismo filtro, incluso las más cotidianas o sencillas del día a día.
Si te cuesta priorizar en tu negocio, casi nunca es un problema de agenda o de tiempo. Generalmente, es porque todavía no tienes ese filtro armado.
Para mi, el gran tema aquí fue aprender a decir que no. Porque dirigir mi negocio hacia donde quería implicaba decir que no a muchas cosas que en su momento parecían «oportunidades». Y puede que hasta lo fueran, pero no para mí. El tema es tener tus criterios bien claros para poder distinguirlas, porque si no, todo te tienta y te parece positivo para el negocio, cuando en realidad solo te desenfoca y te distrae.
Yo dije que no a colaboraciones, a clientes y hasta a una línea de negocio enterita. No te voy a engañar, fue tremendamente difícil. Pero cada uno de esos «no» me acercó a los «sí» que quería. Hoy los agradezco tantísimo.
Foco: por qué menos es más, también en un negocio
La claridad y la dirección fueron claves, pero lo que realmente me hizo avanzar fue entrenar el foco. Porque con esto refuerzas, y te diría que hasta aceleras, todo lo anterior.
Como muchas emprendedoras, yo soy multifacética de nacimiento, así que tuve que aprender a poner mi energía en pocas cosas a la vez y a saber identificar en qué ponerla en cada momento. Durante años había intentado avanzar en muchos frentes al mismo tiempo, y lo único que conseguí fue avanzar despacio en todos.
Así que, después de mucha prueba y error, decidí trabajar por ciclos trimestrales. Eso significó elegir prioridades concretas para cada etapa y dejar conscientemente el resto en pausa, hasta que le llegara su turno. Desde que decidí trabajar así, empecé a poner más «checks» que nunca en mi lista. Y lo mejor de todo: con menos desgaste y mucho más disfrute.
En resumen, trabajar esa claridad, dirección y foco fue la base de todo. Fue lo que me permitió vivir este año esos 26 días de desconexión que a la Sil de hace años le hubieran parecido completamente imposibles.
Por eso creo que muchas veces asociamos “frenar” a perder el tiempo o ir más lento pero, en realidad, puede generar lo contrario. Puede ser la manera de corregir el rumbo para avanzar más rápido y diseñar a conciencia un negocio que nos permita tener la vida que queremos vivir.
En mi caso, hubiese sido imposible tener el negocio tal y como lo tengo ahora si hace años no me hubiera dado el permiso de frenar y rediseñarlo. Con honestidad, de dentro hacia afuera.
Así que, si en algún momento sientes que el negocio te está llevando a ti más de lo que tú lo llevas a él, te invito a frenar también y a rediseñarlo para que te sirva. Al final, solo nosotras mismas podemos hacerlo.
Un fuerte abrazo.
Silvana
REINICIA
Cambia el zig zag y el ruido mental por claridad y dirección en tu negocio.